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¿Qué se siente ser tu cliente?

Mapa de experiencia y momentos de verdad

25 de agosto de 20263 min de lectura

Un cliente llama el martes preguntando por su equipo. Le dices que sigue en revisión, que en cuanto se sepa algo le avisan. Es verdad, y es lo correcto, y colgó tranquilo.

El viernes vuelve a llamar. Esta vez molesto.

Por dentro no pasó nada raro: el equipo entró, esperó turno, se revisó, se pidió una pieza. Tres días normales. Pero para él fueron tres días sin noticias, y eso es una experiencia completamente distinta de la que tú viste.

El proceso puede ir bien y sentirse mal. Y lo segundo es lo que él va a contar.

Qué es y para qué sirve

Todos los mapas anteriores están hechos desde adentro. Este está hecho desde afuera, y por eso encuentra cosas que los otros no pueden encontrar: sobre todo los tramos donde el cliente no tiene ninguna información.

Un mapa de experiencia es una línea de tiempo del proceso vista por el cliente, con tres filas debajo:

Qué hace Sus acciones
Qué sabe La información que tiene en ese momento
Qué siente Su estado de ánimo

La fila del medio es la que descubre todo. Es la que nadie llena y la única que importa de verdad. Un proceso puede ser rápido y sentirse eterno, si el cliente no sabe en qué va.

Los momentos de verdad son los puntos donde el cliente se forma un juicio sobre ti. No todos pesan igual, y esto es lo más útil:

El cliente no recuerda el promedio de la experiencia. Recuerda el peor momento y el final.

Eso tiene una consecuencia práctica enorme. Mejorar todo un poquito rinde casi nada. Arreglar el peor momento rinde muchísimo. Y arreglar el final —que casi siempre está descuidado porque el trabajo ya se hizo— rinde casi tanto.

Hay tres momentos que valen por todos los demás:

  • El primero: cómo lo atienden cuando llama. Fija la expectativa.
  • El peor: el punto de mayor frustración. Es lo que va a contar cuando le pregunten por ti.
  • El último: cómo termina la relación. Casi siempre es la factura, y casi siempre está mal cuidado.

Cómo hacerlo en 30 minutos

Paso 1. Empieza antes de que el cliente te llame. El proceso del cliente no empieza con la llamada: empieza cuando se le dañó el equipo. Si tu mapa arranca en "el cliente llama", ya lo dibujaste desde adentro.

Paso 2. Dibuja la línea de tiempo con las tres filas. Qué hace · qué sabe · qué siente.

Paso 3. Llena "qué sabe" con brutalidad. Si en un tramo el cliente no sabe nada, escribe NADA en mayúsculas. No lo suavices.

Paso 4. Marca los silencios. Los tramos de "NADA" son los silencios, y son el hallazgo del ejercicio. Mide cuánto duran en horas.

Paso 5. Señala los tres momentos. Primero, peor, último.

Paso 6. Compáralo con tu mapa interno. Un paso que a ti te parece un trámite normal puede ser un silencio de dos días para él. Esa comparación es todo el valor.

Paso 7. Verifícalo con un cliente real. Una llamada. Solo una. Y en particular llama a uno que se haya ido, aunque te dé vergüenza. Es la conversación más informativa que vas a tener y la que más cuesta hacer.

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