El problema que resuelve
El diagnóstico ya está hecho —por mí o por ti— y ahora hay una lista de cosas que arreglar. El riesgo de este momento es conocido: se hace un plan bonito, se presenta, y a los dos meses nadie lo mira. Un plan que la gente no usa es un documento, no un plan.
Qué incluye
Procesos documentados
Los tres o cuatro que más duelen si fallan, escritos como una receta que alguien nuevo pueda seguir. No una carpeta de veinte procedimientos que nadie abre.
Quién decide y quién opina
Una matriz de responsabilidades que acabe con el «yo pensé que lo hacías tú». Es el cambio que más fricción quita por menos esfuerzo.
Indicadores que se van a mirar
Pocos números, con meta y responsable, y el hábito de revisión montado. Un indicador que nadie mira cada semana no sirve para nada.
Plan de acción con fechas y dueños
Qué se hace, quién, para cuándo y cómo sabremos que se hizo. Priorizado por impacto, no por orden de llegada.
Formación al equipo
Los que van a operarlo aprenden a usarlo conmigo delante, no leyendo un manual después.
Para quién es
- Ya sabes qué está mal y necesitas convertirlo en algo ejecutable
- Has intentado ordenar la operación y se quedó a medias
- Vas a delegar y hace falta que las cosas estén escritas
Cuándo no es lo que necesitas. Si todavía no tienes claro dónde está el problema, esto es empezar por el tejado: el diagnóstico va antes.
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